Hace unos meses, los socialistas de CLM se movilizaron para participar activamente en las elecciones primarias federales.
Susana Díaz superó en casi 1000 firmas al candidato de la militancia de base, Pedro Sánchez.
En la jornada de votación, Sánchez consiguió ganar con claridad en CLM y obtuvo más de 1000 votos que avales.
Caso contrario se dio con Susana Díaz pues obtuvo menos votos que avales.
Si extrapolamos estos datos a las elecciones primarias regionales, Page (Susana Díaz), y Jose Luis Blanco Moreno (Pedro Sánchez), todo parece indicar que Page obtendrá menos votos que avales, y Jose Luis Blanco más votos que avales.
La duda que puede quedar es si la ventaja en avales de Page será suficiente para contener el más que previsible aumento en votos de la candidatura de la militancia de base.
Y en esto están ahora muchos, calculadora en mano, para ver donde pueden aumentar o disminuir los votos.
Según los últimos datos que se han publicado, 13.000 son los militantes que vamos a elegir nuestro próximo secretario general.
Algo más de 6.000 militantes avalaron a Page, mientras que por Jose Luis Blanco, lo hicieron más de 2.000.
Con estos datos, más de 5.000 militantes del PSOE de CLM no avalaron a ningún candidato.
Ahora que cada uno haga sus cuentas con estos datos como quiera.
Mi percepción personal es que Jose Luis Blanco Moreno obtendrá un magnífico resultado electoral el dia 30 y que Page no podrá conseguir más votos que avales.
El resultado está abierto pero el grado de movilización de la militancia de base será decisiva para ganar el cambio que el PSOE de CLM tanto necesita.
El día 30, no se puede quedar nadie en casa.
Todos a votar, todos a votar al candidato de la militancia de base, todos a votar a. Jose Luis Blanco Moreno.
El papel de los altos dirigentes del PSOE de CLM en las elecciones primarias
Cuando Page lanzó el órdago que no seguiría como secretario general del PSOE de CLM, ni sería candidato socialista a las elecciones regionales si ganaba Pedro Sánchez, muchos entendimos que había llegado la hora de poner fin a estas declaraciones incendiarias a modo de "pica de levas".
Después y en pleno proceso electoral, Page, hizo campaña activa por Susana Díaz.
Yo jamás entendí su enrocamiento aunque a tenor de los resultados posteriores, seguro que sus declaraciones y apoyo activo a la otra candidatura, sirvió de manera decisiva para que Pedro Sánchez ganase las elecciones primarias en CLM.
Fue un error de bulto cuyas consecuencias se han materializado en otra candidatura alternativa auspiciada por la militancia de base de CLM.
Las redes sociales hierven de mensajes de apoyo de altos dirigentes del PSOE de CLM en apoyo a Page.
Apoyo más comedido que el que ofreció Page pues ninguno de los involucrados de atreve a contemplar su continuidad a que gane Jose Luis Blanco Moreno.
¿Cual es la posición que deben tomar los altos dirigentes en este proceso?
Opiniones las hay para todos los gustos. Mientras unos inciden en la libertad de expresión, otros creen que las lealtades debidas y el oportuno pecunio son jueces de parte.
Mi opinión, como militante de base que soy, es que pueden hacer campaña para el candidato que deseen siempre y cuando lo hagan a título individual y no por el cargo que ostentan.
Además, los medios del partido y perfiles institucionales o públicos, deben garantizar una exquisita y necesaria neutralidad.
Después y en pleno proceso electoral, Page, hizo campaña activa por Susana Díaz.
Yo jamás entendí su enrocamiento aunque a tenor de los resultados posteriores, seguro que sus declaraciones y apoyo activo a la otra candidatura, sirvió de manera decisiva para que Pedro Sánchez ganase las elecciones primarias en CLM.
Fue un error de bulto cuyas consecuencias se han materializado en otra candidatura alternativa auspiciada por la militancia de base de CLM.
Las redes sociales hierven de mensajes de apoyo de altos dirigentes del PSOE de CLM en apoyo a Page.
Apoyo más comedido que el que ofreció Page pues ninguno de los involucrados de atreve a contemplar su continuidad a que gane Jose Luis Blanco Moreno.
¿Cual es la posición que deben tomar los altos dirigentes en este proceso?
Opiniones las hay para todos los gustos. Mientras unos inciden en la libertad de expresión, otros creen que las lealtades debidas y el oportuno pecunio son jueces de parte.
Mi opinión, como militante de base que soy, es que pueden hacer campaña para el candidato que deseen siempre y cuando lo hagan a título individual y no por el cargo que ostentan.
Además, los medios del partido y perfiles institucionales o públicos, deben garantizar una exquisita y necesaria neutralidad.
¿Vamos con Page?
"Vamos con Page", es el slogan que los partidarios de Emiliano García Page han elegido para estas elecciones primarias.
No deja de sorprenderme cuando visito las redes sociales, que este sologan sea utilizado, muy a menudo, para atacar la candidatura de Jose Luis Blanco.
No quiero decir que sea el comportamiento general de los "fans" (entrecomillo lo de fans pues no hace mucho que me catalogaban así algunos compañeros por apoyar a Pedro Sánchez) de Page.
En esta ofensiva de "Vamos con Page", también nos hemos acostumbrado a leer artículos en los medios de comunicación digitales, auténticas desvergüenzas hirientes, casi pueriles, firmados por "socialistas de nuevo cuño".
"Difama que algo queda" es el denominador común de estos clones, trolls, que se amparan en psudónimos o en el anonimato para cabalgar a sus anchas de su propia ignominia.
Para defender un proyecto, no sería necesario descalificar y menospreciar otros diferentes.
Por fortuna para el PSOE de CLM, el voto de un militante de base, vale lo mismo que el de un cargo.
Tenemos 15 días por delante para explicar que PSOE queremos. Y aquí solo hay dos opciones, como dos opciones hubo en las recientes primarias federales.
Yo me voy a quedar con la opción y el proyecto de la militancia de base que encarna Jose Luis Blanco Moreno.
No deja de sorprenderme cuando visito las redes sociales, que este sologan sea utilizado, muy a menudo, para atacar la candidatura de Jose Luis Blanco.
No quiero decir que sea el comportamiento general de los "fans" (entrecomillo lo de fans pues no hace mucho que me catalogaban así algunos compañeros por apoyar a Pedro Sánchez) de Page.
En esta ofensiva de "Vamos con Page", también nos hemos acostumbrado a leer artículos en los medios de comunicación digitales, auténticas desvergüenzas hirientes, casi pueriles, firmados por "socialistas de nuevo cuño".
"Difama que algo queda" es el denominador común de estos clones, trolls, que se amparan en psudónimos o en el anonimato para cabalgar a sus anchas de su propia ignominia.
Para defender un proyecto, no sería necesario descalificar y menospreciar otros diferentes.
Por fortuna para el PSOE de CLM, el voto de un militante de base, vale lo mismo que el de un cargo.
Tenemos 15 días por delante para explicar que PSOE queremos. Y aquí solo hay dos opciones, como dos opciones hubo en las recientes primarias federales.
Yo me voy a quedar con la opción y el proyecto de la militancia de base que encarna Jose Luis Blanco Moreno.
Abriendo camino hacia el cambio en el PSOE de CLM
Quiero dejar claro desde el primer momento que las reflexiones que aquí expondré, son las de un militante de base más del PSOE de Cuenca.
No está de más recordar que jamás me ha movido ningún interés personal en el desarrollo de mis cometidos políticos, antes bien, me han costado mucho dinero de mi bolsillo, y tiempo, mucho tiempo. Pero como dicen que "la sarna con gusto no pica", lo he hecho de mil amores entendiendo que la lucha por un bien común, debe exigir algún tipo de sacrificio personal.
Ni he buscado, ni busco, ni buscaré, cargos, sillones, o privilegios de cualquier índole que puedan comprometer los ideales o las libertades con las que me educaron.
Hoy hemos conocido que, José Luís Blanco Moreno y Emiliano García Page, han pasado la "criba de los avales" para optar, mediante elecciones primarias, a la secretaría general del PSOE de CLM.
Por ello, no debemos mezclar conceptos ni llegar a absurdas comparaciones. Estamos eligiendo a nuestro secretario general, no al candidato socialista para las próximas elecciones regionales. No ha lugar exabruptos como los que hemos tenido que leer, no sin sonrojo.
De lo que se trata ahora es de elegir una nueva dirección política y organizativa que, con las peculiaridades de nuestra tierra, implemente las resoluciones aprobadas en el reciente Congreso Federal del PSOE.
Todas las opciones son válidas si estas sirven para empoderar a su militancia de base y que su opinión y voto sean soberanos dentro del partido.
Siempre dije que la militancia de base no estaba en el partido para pegar carteles, ser interventor o para llenar mítines. El militante de base está para aportar ideas, conocimiento y sumar esfuerzos, pero también está para que su opinión sea tenida en cuenta, para decidir sobre todas las cuestiones importantes y para exigir responsabilidades a sus dirigentes.
Todos somos conscientes del gran daño que causaron los infaustos y trágicos sucesos del comité federal del primero de Octubre a nuestro partido.
Solo una movilización sin precedentes de la militancia de base pudo revertir el daño causado y devolver la normalidad a nuestra organización.
No está de más recordar que jamás me ha movido ningún interés personal en el desarrollo de mis cometidos políticos, antes bien, me han costado mucho dinero de mi bolsillo, y tiempo, mucho tiempo. Pero como dicen que "la sarna con gusto no pica", lo he hecho de mil amores entendiendo que la lucha por un bien común, debe exigir algún tipo de sacrificio personal.
Ni he buscado, ni busco, ni buscaré, cargos, sillones, o privilegios de cualquier índole que puedan comprometer los ideales o las libertades con las que me educaron.
Hoy hemos conocido que, José Luís Blanco Moreno y Emiliano García Page, han pasado la "criba de los avales" para optar, mediante elecciones primarias, a la secretaría general del PSOE de CLM.
Por ello, no debemos mezclar conceptos ni llegar a absurdas comparaciones. Estamos eligiendo a nuestro secretario general, no al candidato socialista para las próximas elecciones regionales. No ha lugar exabruptos como los que hemos tenido que leer, no sin sonrojo.
De lo que se trata ahora es de elegir una nueva dirección política y organizativa que, con las peculiaridades de nuestra tierra, implemente las resoluciones aprobadas en el reciente Congreso Federal del PSOE.
Todas las opciones son válidas si estas sirven para empoderar a su militancia de base y que su opinión y voto sean soberanos dentro del partido.
Siempre dije que la militancia de base no estaba en el partido para pegar carteles, ser interventor o para llenar mítines. El militante de base está para aportar ideas, conocimiento y sumar esfuerzos, pero también está para que su opinión sea tenida en cuenta, para decidir sobre todas las cuestiones importantes y para exigir responsabilidades a sus dirigentes.
Todos somos conscientes del gran daño que causaron los infaustos y trágicos sucesos del comité federal del primero de Octubre a nuestro partido.
Solo una movilización sin precedentes de la militancia de base pudo revertir el daño causado y devolver la normalidad a nuestra organización.
Entre aquellos "dimisionarios" y en plena efervescencia por las elecciones primarias, Emiliano, por su cuenta y riesgo, apostó su futuro a un condicionante; "Que no ganara las elecciones primarias, Pedro Sánchez".
Siempre dije que Emiliano se equivocaba al vincular su futuro de esta manera, sobre todo, porque el valor a la palabra dada es un contrato vinculante para todos los políticos.
Por lo tanto, toda acción o declaración política está expuesta al escrutinio y debate.
También se equivocó al presentar su candidatura a este proceso electoral por lo anteriormente expuesto y por las consecuencias inciertas para nuestro partido.
Cuando ya no se suma, se resta.
Siempre dije que Emiliano se equivocaba al vincular su futuro de esta manera, sobre todo, porque el valor a la palabra dada es un contrato vinculante para todos los políticos.
Por lo tanto, toda acción o declaración política está expuesta al escrutinio y debate.
También se equivocó al presentar su candidatura a este proceso electoral por lo anteriormente expuesto y por las consecuencias inciertas para nuestro partido.
Cuando ya no se suma, se resta.
Que yo estoy, como un militante de base más, con el proyecto de regeneración, esperanza e ilusión, de Jose Luís Blanco Moreno, es público y notorio.
Pero no estoy en este proyecto por llevar la contraria a lo establecido, estoy con Jose Luis Blanco Moreno por su proyecto que va en perfecta sintonía con todas las resoluciones aprobadas en el 39 Congreso federal.
En mi no cabe la indefinición ni la indiferencia, es la hora de la militancia de base del PSOE de CLM, es la hora del cambio.
Pero no estoy en este proyecto por llevar la contraria a lo establecido, estoy con Jose Luis Blanco Moreno por su proyecto que va en perfecta sintonía con todas las resoluciones aprobadas en el 39 Congreso federal.
En mi no cabe la indefinición ni la indiferencia, es la hora de la militancia de base del PSOE de CLM, es la hora del cambio.
Izquierda Plural se suma a la candidatura de Pedro Sánchez
Varios amigos y amigas me piden artículo sobre la crisis de liderazgo del PSOE.
Este espacio siempre ha estado abierto al diálogo y al entendimiento.
Hoy parece que el PSOE y sus líderes han perdido la sintonia con su militancia.
No puedo obviar el "golpe de mano" del comité federal de Octubre y la repercusión negativa que ha tenido.
El PSOE ha facilitado el gobierno del PP, con todo lo que eso implica. Esta anomalía no puede volver a suceder.
La defenestración de Pedro Sánchez es el síntoma inequívoco de la ruptura entre las "élites" y la militancia de base.
Este ya no es el partido que queremos.
Para recuperar la unidad y los valores mancillados, no queda otra que la movilización de la militancia y su voto masivo en las primarias.
No quiero ser indiferente ni imparcial, me posiciono con los de abajo, con los militantes que hacen de la S y la O su manera de entender una ideología.
Esta web hará campaña activa por Pedro Sánchez y los valores que representa.
De Podemos a Pudimos
Hoy hablamos del transplante de cerebro frankeinsténico que parece haber sufrido Podemos. ¿Qué hay detrás de toda esto, qué fuerzas están detrás de esta deriva hacía la castuzerización del Partido?. En unos momentos gravísimos para los súbditos de un país que amenaza con su total hundimiento, el fracaso de la revolución política es el fracaso de una sociedad por su supervivencia y el triunfo de los enterradores políticos de siempre. Para hablar de la tragedia sin paliativos tenemos hoy al Aleph, con Pepe Crespo entonando juntos el requiem aternam dona eis, Domine.
El reduccionismo populista
Se ha puesto de moda en España cuestionar la clásica dialéctica derecha-izquierda, en torno a la cual, desde el siglo XIX, se han situado políticamente las sociedades europeas.
Lo que, en un reciente libro, he llamado metafóricamente La Edad de Hielo, es decir, la crisis —la impotencia de la política ante ella y sus efectos— ha traído una bipolarización nueva —clivage lo llamarían los franceses— que rompe con la anterior. Es la oposición entre la “gente” (sin distinciones) y la “casta”, que estaría constituida por todo aquel dirigente que forme parte de los partidos políticos tradicionales. Este enfoque es, por ejemplo, el sustento ideológico de Podemos, cuyo éxito electoral se basa en plantear ese binomio como un mantra. Así ha logrado captar votos de todos los partidos. En ciencia política se le ha llamado a un grupo de esa naturaleza catch-all party (“partido atrapatodo”).
La verdad es que negar como determinante la distinción izquierda-derecha es el mejor regalo que se le puede hacer a esta última. Siempre que ha habido históricamente una crisis fuerte, algún movimiento pseudorradical se ha dirigido a los ciudadanos para enfrentarlos a sus dirigentes políticos —a todos—, como una víctima a su verdugo. De ese modo se desvanece la izquierda como sujeto político y se fortalece a los poderes fácticos, figuradamente “apolíticos”.
Tal simplificación oculta los problemas de fondo sobre los que las propuestas de la derecha y la izquierda divergen. Tomemos el caso español. La mayor prioridad hoy para los ciudadanos y las ciudadanas es la salida de la crisis económica y social. Cualquier Gobierno será juzgado por el modo de enfrentarse a la crisis, que está degradando, con una profundidad inédita, la vida y el trabajo de los hombres y las mujeres.
La derecha intelectual y la derecha política —más explícitamente la primera que la segunda— proclaman que el Estado de bienestar es ya insostenible; que no hay medios económicos suficientes para la sanidad y la educación universales y gratuitas, la dependencia, las pensiones, el seguro de desempleo, etcétera.
La izquierda dice justamente lo contrario: el modelo social europeo es nuestra identidad y hemos de proponernos de inmediato luchar por la desaparición del desempleo y del subempleo (11% de descenso salarial desde la reforma laboral del Rajoy de 2012); la pobreza y la exclusión social, que afecta particularmente a la infancia, y la desigualdad, el desafío de nuestro tiempo (en España han aumentado los hipermillonarios durante la crisis).
La financiación del Estado social y de los estímulos públicos inversores, reactivadores del crecimiento y el empleo, no se puede hacer simplemente emitiendo más y más deuda. La política desde la izquierda debe ser una reforma fiscal progresiva con aumento de los impuestos a las grandes fortunas y salarios, y la subida, asimismo, de los demás impuestos directos como el impuesto de sociedades, con descenso de impuestos indirectos y de los que recaen sobre las clases medias y la clase trabajadora. Rajoy va a hacer exactamente lo contrario de lo anterior, aunque España tenga un amplio margen para aumentar la presión fiscal respecto de la media europea.
En estos temas clave —los prioritarios de verdad—, la derecha dice una cosa, y la izquierda, lo opuesto. Aquí no vemos que la dialéctica esencial sea entre pueblo y casta. Mantener esta última teoría tiene como fin identificar a todos los representantes políticos —de izquierda o de derecha, del PSOE o del PP— en un mismo campo, intentando convencer a quienes los han elegido de que todos esos representantes tienen iguales intereses. Algo sencillamente absurdo. Lo mismo que pretender que dicha casta política haya abolido la democracia y que se haya apoderado de la nación, de su soberanía y de sus riquezas. Así se definiría el “bipartidismo” español, que sería, por tanto, una especie de régimen de partido único.
Formular ese reduccionismo populista tiene una consecuencia inevitable y evidente: los representados —la “gente”— tendrían también idénticos intereses, secuestrados por los malvados dirigentes. De modo que los capitalistas más adinerados, o quienes poseen mayores ingresos o patrimonio, compartirían iguales intereses económicos, sociales y políticos con los trabajadores, las capas medias y bajas y los parados. La posición social sería, así, irrelevante políticamente. Lo relevante sería la dicotomía “gente” y “casta”.
Cuando alguien dice “yo no soy ni de derechas ni de izquierdas”, hay un alto grado de probabilidad de que su supuesto apoliticismo tenga hondas —y escondidas— raíces conservadoras. Uno de los grandes avances de las revoluciones sociales que trajeron la modernidad al mundo occidental, y con ella sus constituciones y estructuras progresistas, fue precisamente la nítida distinción —no exclusivista— entre la derecha y la izquierda, los conservadores y los progresistas, como la proyección política de las desigualdades sociales y económicas. Esa desigualdad permanece todavía.
No será fácil acabar con lo que es la base del pluralismo democrático. No obstante, la penetración de los planteamientos populistas se facilita cuando la izquierda, europea o española, con cultura de gobierno no es capaz de articular una alternativa política real y completa, y presentarla al electorado progresista. Este es el desafío del momento, cuando la crisis sigue entre nosotros.
Lo que, en un reciente libro, he llamado metafóricamente La Edad de Hielo, es decir, la crisis —la impotencia de la política ante ella y sus efectos— ha traído una bipolarización nueva —clivage lo llamarían los franceses— que rompe con la anterior. Es la oposición entre la “gente” (sin distinciones) y la “casta”, que estaría constituida por todo aquel dirigente que forme parte de los partidos políticos tradicionales. Este enfoque es, por ejemplo, el sustento ideológico de Podemos, cuyo éxito electoral se basa en plantear ese binomio como un mantra. Así ha logrado captar votos de todos los partidos. En ciencia política se le ha llamado a un grupo de esa naturaleza catch-all party (“partido atrapatodo”).
La verdad es que negar como determinante la distinción izquierda-derecha es el mejor regalo que se le puede hacer a esta última. Siempre que ha habido históricamente una crisis fuerte, algún movimiento pseudorradical se ha dirigido a los ciudadanos para enfrentarlos a sus dirigentes políticos —a todos—, como una víctima a su verdugo. De ese modo se desvanece la izquierda como sujeto político y se fortalece a los poderes fácticos, figuradamente “apolíticos”.
Tal simplificación oculta los problemas de fondo sobre los que las propuestas de la derecha y la izquierda divergen. Tomemos el caso español. La mayor prioridad hoy para los ciudadanos y las ciudadanas es la salida de la crisis económica y social. Cualquier Gobierno será juzgado por el modo de enfrentarse a la crisis, que está degradando, con una profundidad inédita, la vida y el trabajo de los hombres y las mujeres.
La derecha intelectual y la derecha política —más explícitamente la primera que la segunda— proclaman que el Estado de bienestar es ya insostenible; que no hay medios económicos suficientes para la sanidad y la educación universales y gratuitas, la dependencia, las pensiones, el seguro de desempleo, etcétera.
La izquierda dice justamente lo contrario: el modelo social europeo es nuestra identidad y hemos de proponernos de inmediato luchar por la desaparición del desempleo y del subempleo (11% de descenso salarial desde la reforma laboral del Rajoy de 2012); la pobreza y la exclusión social, que afecta particularmente a la infancia, y la desigualdad, el desafío de nuestro tiempo (en España han aumentado los hipermillonarios durante la crisis).
La mayor prioridad hoy para los ciudadanos y ciudadanas es la salida de la crisis económica y social
En estos temas clave —los prioritarios de verdad—, la derecha dice una cosa, y la izquierda, lo opuesto. Aquí no vemos que la dialéctica esencial sea entre pueblo y casta. Mantener esta última teoría tiene como fin identificar a todos los representantes políticos —de izquierda o de derecha, del PSOE o del PP— en un mismo campo, intentando convencer a quienes los han elegido de que todos esos representantes tienen iguales intereses. Algo sencillamente absurdo. Lo mismo que pretender que dicha casta política haya abolido la democracia y que se haya apoderado de la nación, de su soberanía y de sus riquezas. Así se definiría el “bipartidismo” español, que sería, por tanto, una especie de régimen de partido único.
Formular ese reduccionismo populista tiene una consecuencia inevitable y evidente: los representados —la “gente”— tendrían también idénticos intereses, secuestrados por los malvados dirigentes. De modo que los capitalistas más adinerados, o quienes poseen mayores ingresos o patrimonio, compartirían iguales intereses económicos, sociales y políticos con los trabajadores, las capas medias y bajas y los parados. La posición social sería, así, irrelevante políticamente. Lo relevante sería la dicotomía “gente” y “casta”.
Cuando alguien dice “yo no soy ni de derechas ni de izquierdas”, hay un alto grado de probabilidad de que su supuesto apoliticismo tenga hondas —y escondidas— raíces conservadoras. Uno de los grandes avances de las revoluciones sociales que trajeron la modernidad al mundo occidental, y con ella sus constituciones y estructuras progresistas, fue precisamente la nítida distinción —no exclusivista— entre la derecha y la izquierda, los conservadores y los progresistas, como la proyección política de las desigualdades sociales y económicas. Esa desigualdad permanece todavía.
No será fácil acabar con lo que es la base del pluralismo democrático. No obstante, la penetración de los planteamientos populistas se facilita cuando la izquierda, europea o española, con cultura de gobierno no es capaz de articular una alternativa política real y completa, y presentarla al electorado progresista. Este es el desafío del momento, cuando la crisis sigue entre nosotros.
Diego López Garrido es diputado. Autor del libro: La Edad de Hielo. Europa y Estados Unidos ante la Gran Crisis: el rescate del Estado de bienestar (RBA, 2014).
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